martes, 9 de julio de 2019

Muere el tercer trabajador que resultó intoxicado en una bodega

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El trabajador que ingresó herido de gravedad en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza tras sufrir un accidente laboral cuando trabajaba en una bodega ha fallecido, según han confirmado fuentes del citado centro hospitalario, por lo que son tres las víctimas mortales de este suceso.

El hombre, de nacionalidad española, murió en el hospital al que fue trasladado en helicóptero en estado grave después de resultar intoxicado cuando limpiaba una cuba de vino junto a dos compañeros, de 44 y 33 años y nacionalidad rumana, que murieron en las instalaciones.

El accidente tuvo lugar en torno a las 10.00 horas en las instalaciones cuando los trabajadores estaban limpiando una cuba de vino y fueron localizados por otros empleados al ver que no respondían.

La Guardia Civil, la Inspección de Trabajo y el Instituto de Seguridad y Salud Laboral de Aragón (ISSLA) investigan este accidente laboral en el que han perdido la vida tres trabajadores que pertenecían a una empresa externa a la bodega.

Al igual que hizo tras el fallecimiento de los dos operarios, la empresa ha emitido un comunicado en el que trasmite sus condolencias por la muerte del tercer trabajador y asegura que el día de ayer fue “muy triste” y perdurará “en el tiempo y en el recuerdo” tanto del personal de la bodega como de todo el pueblo.

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lunes, 8 de julio de 2019

Se reconoce como accidente laboral un infarto sufrido fuera del trabajo

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El Juzgado de lo Social de San Sebastián ha reconocido como accidente laboral el infarto que sufrió un trabajador fuera de su hora y lugar de trabajo, tras la demanda presentada por los servicios jurídicos de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO) de Euskadi.

En un comunicado, el sindicato ha informado de la sentencia emitida recientemente por el Juzgado de lo Social número 2 de la capital guipuzcoana en respuesta a la demanda interpuesta por el ataque al corazón sufrido por el trabajador de la empresa de limpieza el 27 de febrero de 2018.

El empleado, que iniciaba su jornada laboral a las 12.45 horas de ese día, sintió un dolor opresivo en el pecho a las 12.00 horas, cuando se encontraba aún en su casa, y, una vez en su puesto de trabajo, se confirmó que sufría el ataque cardíaco.

Ahora la justicia le da la razón, basándose en una sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo donde ya se reconocía como accidente de trabajo «la patología cardíaca de un trabajador que se inició en su domicilio y persistió y se agudizó en su lugar de trabajo».

El responsable de salud laboral de CCOO de Euskadi, Alfonso Ríos, ha afirmado que espera que «esta sentencia suponga un mayor avance en el reconocimiento de las patologías cardíacas como contingencia profesional» y no como contingencia común, «como suelen pretender derivarlas las mutuas».

Ríos también ha señalado que «confía en que la sentencia afiance los derechos colectivos de las personas trabajadoras que sufran estas dolencias« y ha aprovechado para hacer un llamamiento para que aquellos que deseen tramitar las »denuncias oportunas« acudan al sindicato y no den »por bueno el diagnóstico de las mutuas en estos casos«.

 

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Descubren una protección frente a los efectos secundarios de la radioterapia

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Uno de los tratamientos contra el cáncer más frecuente y efectivo es la radioterapia, es decir, el uso de radiación para destruir las células cancerosas y reducir el tamaño de los tumores. En torno a un 50% de los pacientes con tumores localizados en la cavidad gastrointestinal (por ejemplo, cáncer de hígado, páncreas, colon, próstata) se tratan con esta terapia, que en las últimas décadas ha aumentado la supervivencia.

Sin embargo, la radioterapia intensiva no solo daña a las células tumorales, sino también a las células intestinales sanas, y puede desembocar en toxicidad en el intestino en un 60% de los pacientes sometidos a ella. Aunque es reversible cuando la radioterapia finaliza, un 10% de los pacientes que reciben el tratamiento tienen daños irreversibles y desarrollan síndrome gastrointestinal, una patología que se caracteriza por la muerte de las células intestinales, lo que conlleva la destrucción del intestino y la muerte.

Este daño a las células sanas es una de las principales desventajas de la radioterapia, que hace que en muchas ocasiones haya que interrumpirla para no seguir perjudicando al organismo, lo que reduce las posibilidades de éxito de terminar con los tumores.

Ahora, científicos del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) publican en Science un hallazgo que podría ser de utilidad para proteger las células intestinales sanas del impacto de la radiación.

Las implicaciones del descubrimiento, desarrollado en ratones, podrían revolucionar la forma en la que el ser humano se enfrenta a la exposición a grandes dosis de radiación, tanto en la oncología como en otros ámbitos como viajes espaciales o ataques y accidentes nucleares.

La clave de este trabajo está en URI, una proteína de la que aún no se comprenden bien todas sus funciones. Estudios previos del mismo equipo habían observado que unos niveles de expresión anormales de la proteína en algunos órganos pueden provocar tumores. En el nuevo trabajo, los investigadores han descubierto que unos niveles altos de la proteína URI protegen a los ratones de los daños intestinales producidos por la radiación, mientras que niveles bajos o su supresión llevan al desarrollo de síndrome gastrointestinal y a su fallecimiento.

“Todavía no se conocen todas las funciones precisas de URI”, explica Nabil Djouder, jefe del Grupo del CNIO y autor principal del estudio. “A semejanza del pH o la temperatura, que tienen que mantenerse en unos niveles equilibrados para el correcto funcionamiento del cuerpo, URI también parece contar con una ventana muy estrecha de equilibrio que determina el correcto funcionamiento de otras proteínas: cuando sus niveles están por encima o por debajo de esa ventana puede promover tumores o proteger contra su desarrollo, así como el de otras enfermedades. Depende mucho del contexto”.

URI es un viejo conocido del laboratorio de Djouder, que diseñó los primeros modelos genéticos de ratón para estudiar sus funciones en mamíferos. El equipo ya había observado que niveles elevados de esta proteína tenían un efecto protector contra el daño del ADN en cultivos de células intestinales, por lo que Djouder y la investigadora predoctoral Almudena Chaves-Pérez propusieron explorar si este efecto protector ocurría también in vivo y podría paliar los efectos producidos por la radiación, entre ellos, el síndrome gastrointestinal.

Para ello, los científicos crearon tres modelos de ratón modificados genéticamente, los primeros modelos experimentales diseñados para estudiar específicamente el papel de URI y los efectos de la radiación en el intestino: uno de ellos de control para rastrear dónde se expresa exactamente esta proteína en el intestino, otro con niveles altos de URI en este órgano y un tercero en el que eliminaron el gen para disminuir los niveles de URI en el epitelio intestinal.

Los ratones control revelaron que, para proteger y reparar este órgano, URI se expresa en una población específica de células madre durmientes localizadas en unas oquedades intestinales llamadas criptas de Lieberkühn. URI protege a estas células de la toxicidad inducida por niveles altos de radiación.

“Hemos descubierto que, una vez finalizada la radioterapia, son estas células las encargadas de regenerar el intestino”, explica Chaves-Pérez, primera firmante del trabajo. “Hasta ahora, había mucho debate sobre cuál era la población de células madre encargadas de esta tarea”.

Después de ser sometidos a radiación, los ratones diseñados para expresar altos niveles de URI sobrevivieron al síndrome gastrointestinal en un 100% de los casos, cuando, en condiciones normales, fallece hasta un 70% de ellos. En cambio, los ratones sin el gen fallecieron en su totalidad por el síndrome.

Chaves-Pérez explica estos resultados: “Lo que diferencia a esta población específica de células madre de otras es que en estado normal (cuando fabrican URI) son quiescentes, es decir, no proliferan. Esto hace que no se vean sometidas a los daños causados por la radiación, que solo afectan a las células que proliferan. Por otro lado, cuando estas células madre no fabrican URI, se sobreactiva la expresión de c-MYC, un conocido oncogén, lo que hace que proliferen y mueran debido a los daños causados por la radiación. Esto impide que el intestino se regenere, lo que hace que deje de ser funcional y el ratón fallezca”.

Aunque necesita ser confirmado en próximos estudios, Djouder cree que los inhibidores de c-MYC podrían ser de utilidad para paliar el síndrome gastrointestinal inducido por la radiación en pacientes.“Este estudio propone nuevos tratamientos mediante inhibición o eliminación de c-MYC, que podrían disminuir los efectos secundarios letales de la radioterapia y permitirían aumentar las dosis de radiación para combatir de manera más eficaz los tumores gastrointestinales”, explica Djouder.

El investigador añade que “además de proteger frente a los efectos secundarios, los inhibidores contra c-MYC se usan también para el tratamiento del cáncer, por lo que podríamos tener una eficacia doble”.

También sería interesante saber si en otros órganos con gran capacidad regenerativa, como por ejemplo la piel, puede haber ciertas poblaciones de células madre con niveles altos de URI, una posibilidad que Djouder y su equipo ya están explorando.

Aparte del ámbito oncológico, Djouder cree que “este descubrimiento podría ayudar a proteger al organismo de los efectos secundarios de altas dosis de radiaciones emitidas durante los accidentes y los ataques nucleares o la exposición a los rayos cósmicos que, a día de hoy, hace que sean inviables los viajes espaciales de larga duración”.

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Responsables de Hong Kong conocen los programas y prácticas vascas en materia de seguridad y salud en el trabajo

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La directora general del Consejo de Seguridad y Salud en el Trabajo de Hong Kong, Bonnie Yau, acompañada por su colega Winson Yeung, se ha reunido en la sede de Osalan con la consejera de Trabajo y Justicia, Maria Jesús San José, el viceconsejero de Trabajo, Jon Azkue, y el director general de Osalan, Alberto Alonso, para conocer los programas y prácticas vascas en materia de seguridad y salud en el trabajo.

Según ha informado el Departamento vasco de Salud, el Consejo tiene un papel decisivo para el desarrollo de una cultura preventiva en Hong Kong y celebró su 25 aniversario el último año. Este Consejo tiene un papel muy parecido al de Osalan y en el contexto regional representa un nivel superior.

Durante el encuentro, Bonnie Yau ha visitado las instalaciones de Osalan y se ha informado específicamente sobre las actuaciones del Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales en materia de los riesgospsicosociales y en igualdad y prevención de riesgos.

Como colofón a este encuentro, ambas partes han considerado que este intercambio entre el Consejo de Seguridad y Salud en el Trabajo de HongKong y las autoridades Vascas constituye una oportunidad para ampliar la cooperación internacional en el campo de la prevención de riesgos laborales.

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domingo, 7 de julio de 2019

La duración de la jornada laboral puede aumentar las posibilidades de que un trabajador sufra un ictus

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Hasta la fecha teníamos evidencias de que el trabajo nocturno, por turnos irregulares y el estar sometido a altos niveles de estrés en el entorno laboral podría ocasionar un perjuicio grave a nuestra salud y aumentar el riesgo de sufrir determinadas enfermedades.

Ahora un estudio reciente que se ha publicado en Stroke, la revista de la Asociación Americana del Corazón, vincula el riesgo de ictus con las jornadas laborales de más de 10 horas.

En concreto, las personas que trabajan más de 10 horas al día, y que lo hacen un mínimo de 50 días anuales y durante 10 años o más, tienen hasta un 45 por ciento más riesgo de sufrir un ictus.

Además, esta relación entre trabajar más horas de las legales y los accidentes cerebrovasculares es “más fuerte para las personas menores de 50 años”, según ha destacado Alexis Descatha, investigador principal.

Para obtener estos resultados, los investigadores del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica, en Francia (Inserm) revisaron los datos del estudio CONSTANCES, un grupo de 143.592 voluntarios a los que se les monitoriza desde el año 2012 con el objetivo de obtener información sobre la edad (18-69), el sexo, el consumo de tabaco y las horas de trabajo. Además, se analizaron los factores de riesgo cardiovascular y si hubo accidentes cerebrovasculares previos.

Un total de 1.224 de los participantes sufrieron un ictus. El 29 por ciento de los encuestados (42.542) reconoció tener una jornada laboral larga y el 10 por ciento 14.481) haber mantenido dicha jornada durante 10 o más años.

Según los datos, los participantes que trabajaban largas horas tenían un riesgo 29 por ciento mayor de accidente cerebrovascular, y aquellos que trabajaban largas horas durante 10 años o más tenían un riesgo 45 por ciento mayor de accidente cerebrovascular (ACV).

Aunque todavía no están muy claros los mecanismos que están detrás de esta asociación, los investigadores sugieren que el exceso de horas en el trabajo se vincula con conductas que aumentan el riesgo cardiovascular, como la inactividad física, un mayor consumo de alcohol y una respuesta constante y repetitiva al estrés.

Queda claro pues que el riesgo de sufrir un ACV o ictus, y de un infarto de miocardio es mayor entre aquellos que trabajan 55 horas o más a la semana que quienes ajustan su jornada a las 35 o 40 horas.

No obstante parece que los efectos de una larga jornada varían según el trabajo ya que estudios anteriores arrojaron resultados menos alarmantes entre los dueños de negocios, directores ejecutivos, agricultores y gerentes; esta disminución del riesgo se asocia con una mayor capacidad de decisión en su puesto laboral.

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martes, 2 de julio de 2019

Trabajadores al sol: medidas de precaución ante la primera gran ola de calor

CCOO pide medidas preventivas de riesgos por calor tras 2 muertos de infarto

La primera ola de calor del verano ha llegado y afecta a casi toda España. Evitar la exposición directa del sol, sobre todo entre las 11 y las 18 horas, hidratarse continuamente, usar prendas adecuadas que favorezcan la transpiración, además de descansar y comer adecuadamente, son claves para evitar los golpes de calor. Son medidas que deben extremarse especialmente en colectivos como los niños, mayores y embarazadas, pero también entre los trabajadores que realizan su actividad al aire libre.

Desde ASEPAL, la Asociación de Empresas de Equipos de Protección Individual, piden aumentar las precauciones y revisar el cumplimiento de los equipos de protección individual (EPI), además de la normativa de cada empresa en lo concerniente a prevención de riesgos laborales.

El objetivo no es otro que evitar que haya accidentes laborales y proteger al trabajador de las altas temperaturas que pueden ocasionar cansancio, dolor de cabeza, calambres musculares, deshidratación, náuseas, agotamiento e hipertermia. Estos son los principales síntomas de un golpe de calor cuya aparición puede aumentar con la llegada de las temperaturas extremas que se alcanzarán durante los próximos días.

Cuando aparece alguno de estos síntomas, lo principal es disminuir la temperatura del cuerpo ya sea colocando a la persona en un lugar más fresco, refrescándole la piel, dándole masajes para estimular la circulación, ofreciéndole agua para hidratarse e incluso, bañarle con agua fría para que los grados corporales bajen. Si los síntomas no disminuyen y el golpe de calor continúa, de inmediato hay que llevarle a los servicios sanitarios o llamar al 112.

Para evitar riesgos, desde ASEPAL insisten en la necesidad de llevar los equipos de protección individual (EPI) correctos que protejan de los efectos de las altas temperaturas, como cascos, gafas de sol, gorras, fotoprotectores, entre otros. Además, es importante concienciar a la sociedad en prevención laboral, formándoles e informándoles sobre las necesidades de cada puesto de trabajo, así como de sus medidas preventivas.

Con la llegada de la primera gran ola de calor, desde ASEPAL hacen hincapié en la necesidad de adoptar unas medidas básicas, especialmente en aquellos sectores que realizan su actividad al aire libre:

  • Hidratación continua, evitando el alcohol y las bebidas con cafeína que hacen perder más líquido corporal. Cuando aumenta la temperatura del cuerpo, el organismo reduce ese nivel térmico con la sudoración, si se pierde agua y no se repone es cuando el cuerpo empieza a descontrolarse.
  • Evitar la exposición al sol en las horas más peligrosas del día y permanecer en lugares frescos, a la sombra o con una buena ventilación.
  • Organizar los ciclos de trabajo para tener breves periodos de descanso.
  • Son necesarias gorras y cremas de protección solar si se trabaja a la intemperie. Al igual que utilizar ropa ligera y que permita la transpiración.
  • Dormir ocho horas y seguir una buena alimentación para mantener un alto nivel de tolerancia al calor y reponer las sales que se pierden con el sudor.
  • En verano y más con altas temperaturas, nunca debe dejarse a ninguna persona dentro de ningún vehículo ni en casetas sin ventilación.

«Las olas de calor en España cada vez son más intensas y severas, con lo que tenemos que estar atentos y prevenir en todo momento», concluye Luis Gil, secretario general de ASEPAL.

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lunes, 1 de julio de 2019

La iluminación de los festivales de música electrónica aumenta el riesgo de ataques epilépticos

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La luz estroboscópica es la iluminación típicamente usada en conciertos de música electrónica que provoca el efecto óptico de que los cuerpos en movimiento sean visibles solo a intervalos. Aunque ya ha sido relacionada con aumentar el riesgo de ataques epilépticos en individuos susceptibles, los riesgos específicos que se pueden sufrir durante este tipo de festivales son poco conocidos, por lo que los organizadores no advierten a los visitantes sobre ellos.

Ahora, un grupo de investigación del Centro Médico Universitario VU de Ámsterdam (Países Bajos) ha demostrado que este tipo de luz podría incluso triplicar el riesgo de sufrir ataques epilépticos por parte de personas con predisposición en los festivales de música dance. Los detalles se han publicado en la revista BMJ Open.

Motivado por el caso de un joven de 20 años que durante uno de estos eventos musicales sufrió convulsiones epilépticas por primera vez, el equipo liderado por el investigador Nèwel Salet decidió analizar todos los incidentes que requerían asistencia médica durante 28 festivales de música electrónica de los Países Bajos en 2015, incluidos los producidos por consumo de éxtasis, una droga recreativa de frecuente uso en este tipo de festivales y que también juega un papel en el riesgo de crisis epilépticas.

En total, de 400.343 asistentes a estos eventos, se prestó asistencia médica en 2.776 ocasiones. En 39 casos se trataba de una crisis epiléptica, 30 de las cuales se produjeron durante las actuaciones nocturnas, lo que significa que el riesgo de una crisis epiléptica asociada a un evento nocturno era 3,5 veces mayor que en un evento diurno, donde la iluminación estroboscópica es menos intensa debido a los efectos de la luz solar.

Además, aunque el consumo de éxtasis era más frecuente por la noche –alrededor de uno de cada cuatro en comparación con uno de cada diez de los que asisten a conciertos diurnos-, esto “no se reflejó en las personas que sufrieron convulsiones epilépticas, ya que la mayoría de ellos no había consumido ninguna droga”, señala Salet a Sinc.

El investigador también resalta que “varias personas informaron explícitamente que era la primera vez que sufrían este tipo de crisis”, por lo que no solo sufrieron ataques las personas con historial epiléptico.

No obstante, se trata de un estudio observacional y no se puede establecer una causa directa. Además se basó en diagnósticos in situ e informes de los testigos y no se pudieron incluir otros factores que influyen en la aparición de las crisis, como la falta de sueño o el uso de medicamentos, todo lo cual podría haber afectado a la precisión de las cifras.

“Aun así, creemos que nuestras cifras son una subestimación de la incidencia real”, aclara Salet. Por ello, destaca, “los organizadores deben comenzar a informar a su audiencia sobre estos peligros”.

El investigador también que los asistentes con un historial de epilepsia “deben evitar tales festivales o tomar las precauciones adecuadas”, como dormir lo suficiente y no consumir drogas, no estar cerca del escenario y salir rápidamente si experimentan algún efecto prodrómico de aura.

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