lunes, 10 de junio de 2019

Andalucía investiga 16 accidentes laborales en el primer cuatrimestre y remite 14 expedientes a la Fiscalía

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Los técnicos del Centro de Prevención de Riesgos Laborales realizaron en el primer cuatrimestre de este año en Almería un total de 239 visitas a empresas para realizar asesoramiento en la mejora de la seguridad y salud laboral, mientras que han investigado 16 accidentes de trabajo y remitido a la Fiscalía 14 expedientes de siniestros laborales.

Las 239 visitas a empresas realizadas por los técnicos habilitados del Centro de Prevención de Riesgos Laborales han contribuido a que 89 de ellas hayan subsanado sus deficiencias en materia preventiva, teniendo que enviarse sólo un expediente a la Inspección de Trabajo por incumplimiento de las recomendaciones, según ha informado la Junta.

Durante la reunión de la comisión provincial, se ha dado cuenta también a los miembros de la comisión de otras actuaciones del Centro de Prevención de Riesgos Laborales, como la investigación de 16 accidentes de trabajo y el envío a la Fiscalía de 14 informes de accidentes. También se han emitido 52 informes sobre pluses de peligrosidad y penosidad.

El centro ha desarrollado además una intensa actividad de formación y divulgación sobre la prevención que han llegado a cerca de 900 personas.

Entre las acciones de concienciación en cultura preventiva está la campaña ‘Aprende a crecer con seguridad’, en la que han participado 440 escolares de 5º y 6º de Primaria y padres y madres de diez colegios, además de otras jornadas y cursos, como los de soporte vital básico y desfibrilación externa automizada, ergonomía en el sector hortofrutícola, ‘mindfulness’ como herramienta para mejorar el clima laboral, identificación y tratamiento del acoso en el entorno laboral o la jornada de prevención de riesgos laborales que organiza la Universidad de Almería.

El delegado territorial de Empleo, Formación, Trabajo Autónomo, Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, Emilio Ortiz, ha reclamado la “unión” de todos los agentes implicados en la actividad laboral para reducir la siniestralidad y ha señalado que la Junta de Andalucía va a “reforzar” los centros de prevención de riesgos laborales con medios humanos y materiales, a impulsar el fomento de la cultura preventiva y las estrategias de lucha contra los accidentes de trabajo.

La población afiliada en el primer cuatrimestre del año fue de 295.475 personas, 8.057 más en comparación con los meses de enero a abril del año anterior (+2,8%). El número de accidentes con baja en la provincia en este período ascendió un 6,9 por ciento, pasando de 2.869 a 3.069.

Han crecido un 6,5 por ciento los siniestros leves (3.035) y un 45 por ciento los graves (29), y se han registrado cinco accidentes mortales, mientras que en el mismo período del año 2018 había uno, que se produjo ‘in itinere’.

En cuanto a las causas de los accidentes laborales mortales, dos se han producido en la carretera, dos por infarto o patologías no traumáticas y otro por el golpe de una rueda.

Por sectores, la siniestralidad laboral ha descendido un 9,4 por ciento en la agricultura y pesca y crecido un 19,8 por ciento en la industria, un 21,3 por ciento en la construcción y un 8,4 por ciento en el sector servicios.

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Chernóbil. El accidente nuclear previo que la URSS mantuvo en secreto durante veinte años

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Cuando el reactor número 4 de la planta nuclear de Chernóbil explotó en abril de 1986 causando la mayor catástrofe nuclear de la historia, muchos lo identificaron erróneamente como un desastre sin precedentes.

Sin embargo, hubo un accidente anterior que permaneció en secreto durante dos décadas, gracias al estricto protocolo soviético de ocultar la información perjudicial para el régimen.

Ocurrió en septiembre de 1957, en una planta secreta de reprocesamiento de combustible nuclear llamada Mayak (Mayak Production Association, MPA), que la Unión Soviética tenía cerca de Kyshtym, en los montes Urales, a unos 2.000 kilómetros al este de Moscú.

Una enorme nube radiactiva se extendió cientos de kilómetros sobre el país, afectando a unas 250.000 personas y provocando evacuaciones a gran escala.

Aunque docenas de trabajadores murieron y al menos dos centenares de personas fallecieron por síndrome de irradiación aguda (una reacción a las radiaciones ionizantes), el mundo permaneció ajeno a aquella catástrofe durante años.

“La Unión Soviética había vivido en 1957 el -hasta entonces- mayor desastre nuclear que, a diferencia de Chernóbil, sí lograron silenciar”, le contó a la BBC el periodista estadounidense Adam Higginbotham, autor de Midnight in Chernobyl (“Medianoche en Chernóbil”, 2019), un libro que investiga los mitos y secretismos de Chernóbil.

“Adoptaron el mismo enfoque en Chernóbil. Pero en ese caso, a diferencia de Mayak, la planta estaba muy cerca de las fronteras de la URSS con Occidente. Además, la contaminación que emanó de la explosión del reactor número 4 fue mucho mayor”.

El historiador Serhii Plokhii, director del Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard, EE.UU., le dijo a BBC que, efectivamente, el desastre de Kyshtym fue “mucho más pequeño” que Chernóbil, pero causó “gran contaminación”. Se liberaron 20 millones de curies de material radiactivo a la atmósfera, causando el tercer peor desastre nuclear de la historia después de Chernóbil y Fukushima, en 2011 en Japón.

Aquel 29 de septiembre, los técnicos que trabajaban en Mayak comenzaron su turno como de costumbre. Parecía un día normal. Anna Sharova, ingeniera química, recordó el día del accidente en un documental que se publicaría años más tarde. “Teníamos un turno de 13 a 19 horas. Trabajábamos en el laboratorio y, como era domingo, había menos trabajo”, declaró.

“De repente, escuchamos una especie de trueno. Las ventanas estallaron, las puertas de cristal se quebraron. Miramos hacia afuera y vimos una nube enorme”.

Lo que Anna escuchó fue la explosión causada por el sobrecalentamiento de uno de los tanques, que contenía residuos nucleares altamente concentrados. Pero el personal de la planta tenía prohibido hacer preguntas impertinentes. “No podíamos mencionar a nadie el accidente. Ni una sola palabra”, dijo un colega de Sharova.

Según Serhii Plokhii, “no había información por ningún lado sobre lo ocurrido”, pues guardar silencio era “un protocolo normalizado en la Unión Soviética”

Además, Mayak formaba parte del programa militar soviético: “Había una conexión muy cercana entre la producción de las bombas atómicas y la construcción de reactores para uso civil, fabricados por los militares”. De hecho, fue en Mayak donde se produjo la primera bomba nuclear soviética.

La planta de Mayak había comenzado a construirse en 1946 bajo un estricto secretismo. Paralelamente, se crearía una ciudad para albergar a sus trabajadores, que sería conocida como Chelyabinsk-40 (ciudad-40) y después recibiría el nombre de Ozersk, pero no aparecía en los mapas de la URSS.

Cuando ocurrió el accidente en 1957, la mayoría de la población soviética nunca había oído hablar de Mayak ni de Ozersk, y a la URSS no le interesaba que eso cambiara, especialmente estando a las puertas del 40 aniversario de la Revolución de Octubre y a cinco días del lanzamiento del Sputnik, el primer satélite artificial de la historia.

“Los estadounidenses encontraron algunas señales de que había habido una explosión y contaminación en aquel primer desastre, pero no dijeron nada porque ellos mismos estaban en el proceso de desarrollar grandes planes nucleares, y no quisieron crear alarma”, agregó Plokhii.

 

Zhores Medvedev fue el primero en revelar oficialmente a la comunidad internacional aquel grave accidente nuclear ocurrido en los Urales a finales de los 50. Había estudiado con detalle las consecuencias de aquella explosión. Medvedev habló con la BBC en septiembre de 2016.

El bioquímico e historiador le contó a la periodista del programa Witness de la BBC Dina Newman su versión sobre los hechos.

“No existían suficientes regulaciones sobre la temperatura y, en un momento dado, el sistema de regulación de uno de los tanques dejó de operar. Cuando la temperatura llegó a ciertos niveles, el tanque explotó”, dijo sobre el accidente.

Se calcula que al menos unas 200 personas murieron en 10 días y cientos de miles fueron seriamente afectadas, explicó Newman. Pero no hay cifras oficiales.

“No sabemos cuánta gente sufrió, cuántos murieron, cuántos eran soldados o criminales . Esas cifras no están disponibles”, le contó Medvedev.

El científico supo de la historia porque trabajaba en un laboratorio de investigación en Moscú, y fue uno de los pocos expertos soviéticos encargado de monitorear la contaminación nuclear en la región. Era una de las pocas personas en el mundo que sabía realmente lo que ocurrió allí.

Medvedev se convirtió en disidente, exiliándose en Londres, Reino Unido. Casi 20 años más tarde, en 1976 publicó un artículo en el que mencionaba el desastre de Kyshtym.

“El elemento sorpresivo es que nadie en Occidente sabía sobre ello, excepto algunas agencias de inteligencia, que tenían información poco precisa”, le contó el científico a la BBC.

John Hill, presidente de la Autoridad para la Energía Atómica del Reino Unido, negó la historia. Al país europeo no le interesaba mala prensa sobre la energía nuclear.

Pero Medvedev siguió adelante con su plan: “Decidí revelar información más concreta sobre lo ocurrido y cómo había afectado a la vida de animales y plantas en la zona, y lo que pasó con la gente. Publiqué más documentos”.

Después, reuniría sus descubrimientos en un libro, Nuclear disaster in the Urals (“Desastre nuclear en los Urales, 1980).

Hill nunca aceptó que estaba equivocado. Pero, tras el desastre de Chernóbil, la industria nuclear se abrió más a las críticas.

Medvedev murió en noviembre de 2018. Opinaba que hasta que no se solucionaran los problemas con los residuos nucleares, el mundo no estaría preparado para seguir desarrollando este tipo de energía.

Mayak sigue siendo una de las principales centrales nucleares en Rusia.

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Fallece un pintor tras caer al vacío desde una altura de 7 metros

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Un hombre de 57 años ha fallecido tras caer de una altura de 7 metros. El suceso se ha producido sobre las 9:10 de la mañana en la calle Miguel Servet de Zaragoza. La víctima es un pintor que estaba trabajando en el inmueble y por causas que se desconocen se ha precipitado al vacío.

Hasta el lugar de los hechos se ha trasladado un técnico del ISSLA (Instituto de Seguridad social y salud laboral de Aragón) y la Inspección de Trabajo. En lo que llevamos de año 9 personas han fallecido por accidente laboral.

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miércoles, 5 de junio de 2019

La OMS incluye el desgaste profesional o burn-out en su lista de enfermedades

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el desgaste profesional, comúnmente conocido como “burn-out”, es un “fenómeno vinculado al trabajo” y no una enfermedad, declaró un portavoz, matizando el anuncio que la víspera había realizado la agencia especializada de la ONU.

La OMS indicó que el desgaste profesional fue incorporado en su nueva Clasificación Internacional de Enfermedades, que sirve para establecer tendencias y estadísticas sanitarias pero un portavoz aportó una corrección, al precisar que el desgaste profesional ya estaba incluido en una clasificación precedente bajo el capítulo “Factores que influyen el estado de salud”.

“La inclusión en ese capítulo significa precisamente que el desgaste profesional no está conceptualizado como una condición médica sino más bien como un fenómeno vinculado al trabajo”, apuntó en un comunicado enviado a los medios.

Además, precisó que la única definición de desgaste profesional “fue modificada a raíz de las investigaciones actuales”.

El desgaste profesional fue descrito como “un síndrome […] resultante de un estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado con éxito” y que se caracteriza por tres elementos: “una sensación de agotamiento”, “cinismo o sentimientos negativos relacionados con su trabajo” y una “eficacia profesional reducida”.

El registro de la OMS precisa que el desgaste profesional “se refiere específicamente a fenómenos relativos al contexto profesional y no debe utilizarse para describir experiencias en otros ámbitos de la vida”.

La nueva clasificación, llamada CIP-11, publicada el año pasado, fue adoptada durante la edición de este año de la Asamblea Mundial, la número 72, y entrará en vigor el 1 de enero de 2022.

La lista, confeccionada por la OMS, se basa en las conclusiones de expertos médicos de todo el mundo. La Clasificación de Enfermedades de la OMS proporciona un lenguaje común que facilita el intercambio de informaciones sanitarias entre los profesionales de la salud de todo el mundo.

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martes, 4 de junio de 2019

Mayor riesgo de exposición a contaminantes químicos con un nivel socioeconómico más alto

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Una posición socioeconómica más alta se asocia con una mayor exposición a varios contaminantes químicos –como diversas sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), mercurio y arsénico– durante elembarazo y la infancia. Así lo concluye un nuevo estudio europeo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por ”la Caixa”, que ha descrito la relación entre la posición socioeconómica de 1.300 mujeres embarazadas y sus hijos e hijas de 6 a 12 años y la exposición a 41 contaminantes químicos ambientales.

Hasta la fecha, diversos estudios han mostrado que existe una relación entre la posición socioeconómica –ingresos económicos, estatus social, empleo y educación– y el nivel de exposición a diversos riesgos ambientales, pero los resultados son variables: algunos apoyan y otros contradicen la hipótesis tradicional de que los grupos desfavorecidos son el grupo con más riesgo. Por ejemplo, otro estudio de ISGlobal ya mostraba que el nivel socioeconómico de las embarazadas determina los riesgos ambientales a los que se exponen, pero la naturaleza de la relación varía según el entorno urbano en el que viven.

La nueva investigación, que forma parte del Proyecto HELIX, se ha realizado a partir de las cohortes de nacimiento de seis países europeos–España, Francia, Grecia, Lituania, Noruega y Reino Unido–. Los investigadores recogieron muestras de orina y de sangre de las embarazadas y sus hijos e hijas para hallar las concentraciones medias de biomarcadores de los contaminantes químicos. Además, las madres rellenaron cuestionarios sobre su nivel educativo, laboral y de riqueza familiar.

Los resultados, publicados en el International Journal of Hygiene and Environmental Health, indicaron que las mujeres embarazadas con un nivel socioeconómico más alto tenían un riesgo más elevado de exposición a diversas PFAS, mercurio, arsénico, varios fenoles y pesticidas, en comparación con las mujeres con niveles socioeconómicos más bajos. De forma similar, las niñas y niños de familias con una posición social más elevada tenían más riesgo de exposición a compuestos organoclorados, PFAS, mercurio, arsénico y bisfenol A.

En los niveles socioeconómicos más bajos, solo se encontró que había más riesgo de exposición en el caso del cadmio durante el embarazo y en los metabolitos del plomo y del ftalato en la infancia.

“Las posibles explicaciones de las asociaciones encontradas deben buscarse en lasdiferencias en la dieta, el hábito de fumar y el uso de productos de consumo, como los cosméticos, entre familias de diferentes posiciones socioeconómicas”, concreta Parissa Montazeri, investigadora de ISGlobal y primera autora de la publicación. Por ejemplo, fumar tabaco puede explicar parte de los niveles elevados de cadmio observados en mujeres con niveles socioeconómicos más bajos.

Martine Vrijheid, investigadora de ISGlobal y coordinadora del estudio, destaca que “muchos de los contaminantes químicos estudiados son sospechosos de tener un impacto negativo en la salud infantil y adulta”. Los estudios también indican que estos efectos sobre la salud están influenciados por las desigualdades socioeconómicas. Por tanto, en futuros trabajos, “es importante que se analicen los impactos en la salud de los contaminantes ambientales teniendo en cuenta el rol de la posición socioeconómica”, concluye.

 

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Fallece un trabajador de 28 años atrapado por unos rodillos de una fábrica

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Un trabajador de 28 años de la factoría de aluminios, del polígono La Rozada de Toral de los Vados, ha fallecido como consecuencia de las heridas sufridas al ser atrapado por los rodillos de una máquina de la cadena de producción.

El accidente tuvo lugar a las nueve menos diez de la mañana y movilizó a los servicios sanitarios del 112, incluido el helicóptero medicalizado, a las fuerzas del orden y a los bomberos de Ponferrada, si bien estos últimos no tuvieron que intervenir.

Debido a la gravedad de las heridas, y a pesar de los intentos de reanimación, los servicios sanitarios no pudieron evitar la muerte del operario, de iniciales D.P.C. y natural de la localidad de Corullón.

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lunes, 3 de junio de 2019

Reconocida como enfermedad profesional a causa del amianto la asbestosis de un maquinista de Metro

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Por primera vez, la Seguridad Social ha reconocido la asbestosis que sufre un maquinista del Metro de Madrid como una enfermedad profesional. Tras una larga lucha, el Sindicato de Maquinistas de Metro de Madrid informa de este caso de enfermedad derivada por la exposición al amianto.

El maquinista, trabajador de Metro de Madrid durante más de 40 años y jubilado ya desde el 2008, padece esta enfermedad a causa de del amianto, material que ha sido encontrado en diferentes materiales en las cabinas del los maquinistas recientemente y en la mayor parte de la red de Metro de Madrid.

Las conclusiones de la Comisión de Investigación de Amianto, llevada a cabo en la Asamblea de Madrid, determinaron que la empresa conocía la existencia de este material en el suburbano madrileño desde el año 1991 y no hizo nada por evitarlo aún sabiendo lo dañino que era. De tal forma que en 2003 ya existe un informe de la presencia de amianto y en el que se insta a la empresa a retirarlo por el bien de la salud de trabajadores y usuarios.

Con este nuevo caso ya son cinco los trabajadores del suburbano con asbestosis que han sido reconocidos por la Seguridad Social como enfermedad profesional y sólo cuatro de ellos pertenecen a colectivos a los que Metro de Madrid les ofrece de forma voluntaria la vigilancia sanitaria especifica por exposición al amianto. Sin embargo, la empresa sigue sin ofrecérsela a los maquinistas. Desde el Sindicato de Maquinistas de Metro de Madrid, creen que esta vigilancia sanitaria deberían hacerla de forma obligatoria como marca la ley y no de forma voluntaria, por lo que exigen «que lo haga de forma inmediata y le pague la indemnización que está estipulada y que prometió dar Metro de Madrid a todo aquel trabajador con alguna de las enfermedades profesionales reconocida por la Seguridad Social».

Desde el SCMM creen que los afectados con asbestosis seguirán aumentando en los próximos años, ya que esto es sólo la punta del iceberg. «Los trabajadores deben conocer los riesgos que supone su puesto de trabajo desde el minuto cero en el que comienzan a trabajar», afirma el colectivo de maquinistas.

El Sindicato de Maquinistas de Metro de Madrid históricamente reclama el reconocimiento de la categoría profesional como «Maquinistas de Tracción Eléctrica» y que la Seguridad Social reconozca patologías como la asbestosis como enfermedad profesional.

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